Dentro del ciclo Biografías e Historia 2026, el rector de la Universidad Camilo José Cela, Jaime Olmedo, dedicó una conferencia a san Juan de la Cruz bajo el título «Una vida entre frentes y fronteras». La elección no era casual: este año se cumplen trescientos años de la canonización del santo (1726) y cien de su proclamación como doctor de la Iglesia (1926).
Más que una aproximación a la obra literaria del carmelita, la conferencia fue una invitación a recorrer su biografía, marcada desde el principio por la pobreza, la incertidumbre y el sufrimiento. Olmedo recordó la infancia difícil de Juan de Yepes, nacido en Fontiveros en una familia humilde, la sólida formación recibida en Medina del Campo y Salamanca, y, sobre todo, el encuentro decisivo con Teresa de Jesús que cambiaría el rumbo de su vida y lo convertiría en uno de los principales colaboradores de la reforma carmelitana.
El núcleo de la conferencia estuvo dedicado al episodio más conocido y dramático de su existencia: el encarcelamiento en Toledo entre diciembre de 1577 y agosto de 1578. Con gran detalle, Olmedo reconstruyó las durísimas condiciones de aquel cautiverio: una celda mínima, apenas iluminada por una estrecha saetera, una alimentación escasa, castigos físicos y continuas presiones para que abandonara la reforma teresiana.
Y, sin embargo, precisamente allí se produjo una de las paradojas más admirables de nuestra historia literaria. En medio de la oscuridad, la enfermedad y el aislamiento, Juan de la Cruz comenzó a componer algunos de sus poemas más extraordinarios. Las primeras estrofas del Cántico espiritual, varios romances y otras composiciones nacieron en aquellas circunstancias extremas. Como subrayó el conferenciante, resulta difícil imaginar que versos de tanta belleza y perfección formal fueran concebidos de memoria en una prisión.
Uno de los aspectos más interesantes de la intervención fue la insistencia en leer conjuntamente la vida y la obra del santo. La experiencia del sufrimiento no aparece transformada en resentimiento ni en queja, sino en una poesía luminosa, capaz de expresar la búsqueda de Dios con una intensidad que sigue sorprendiendo siglos después. De ahí que Olmedo insistiera en que la biografía de san Juan ayuda a comprender mejor la fuerza de sus versos.
La conferencia concluyó recorriendo los últimos años del carmelita, desde su actividad como fundador y superior hasta la nueva persecución que sufrió dentro de la propia orden y su muerte en Úbeda en 1591. Una existencia breve —apenas cuarenta y nueve años—, pero de una extraordinaria fecundidad espiritual y literaria.