«Reyne Teresa en casa de Antonio»: dos tradiciones en un mismo Carmelo

La historia de los conventos de Carmelitas Descalzas no se limita a las fundaciones realizadas directamente por santa Teresa o por sus primeras compañeras. Hubo también comunidades que, con el paso del tiempo, se incorporaron a la familia teresiana a partir de experiencias religiosas anteriores. Una de ellas es la del convento de Nuestra Señora de los Ángeles de Badajoz, cuya singular trayectoria acaba de ser estudiada por María Mercedes Jáuregui Cruz en un artículo publicado en el último número de la revista franciscana Archivo Ibero-Americano.

El trabajo, titulado «“Reyne Teresa en casa de Antonio”. Sincretismo espiritual teresiano-franciscano en el beaterio/Convento de Carmelitas Descalzas de Badajoz (s. XVII-XVIII)», reconstruye el proceso por el que una comunidad de mujeres vinculada espiritualmente al franciscanismo se transformó en convento de Carmelitas Descalzas, conservando buena parte de sus antiguas devociones y tradiciones.

Una historia que comienza antes del Carmelo

Los orígenes de esta comunidad se remontan a una pequeña casa de oración establecida en la calle Arco Agüero de Badajoz, en las primeras décadas del siglo XVII. Allí se reunieron varias mujeres que llevaban una vida penitente en torno a una capilla dedicada a Nuestra Señora de los Ángeles y San Antonio de Padua. Conocida inicialmente como Casa de las Arrepentidas, la comunidad fue adquiriendo progresivamente una identidad espiritual de inspiración franciscana.

La autora reconstruye las dificultades que encontraron aquellas mujeres para organizarse y conseguir un reconocimiento institucional. En 1719, bajo el impulso de Elvira de Jesús y de su confesor, Francisco de Aguilar, se consolidó la vida común de las llamadas Pobres de Cristo. Aunque su aspiración era avanzar hacia una forma de vida religiosa más estable, los intentos de institucionalización encontraron diversos obstáculos.

Hay, además, un antecedente teresiano que merece recordarse. Ana de Jesús Lobera, desde Bruselas, había intentado promover una fundación carmelitana en Badajoz, escribiendo en varias ocasiones a su primo Cristóbal de Lobera, obispo de la ciudad entre 1615 y 1618. El proyecto no llegó a realizarse, pero constituye el primer intento conocido de establecer allí un convento de la Orden.

La incorporación a la familia teresiana

El cambio decisivo se produjo en 1730, con la llegada a Badajoz del obispo Amador Merino Malaguilla, gran devoto de santa Teresa. El prelado propuso a las hermanas adoptar la Regla y las Constituciones de las Carmelitas Descalzas. La propuesta fue aceptada por unanimidad y, en 1733, comenzó una nueva etapa de formación y adaptación a la espiritualidad teresiana.

La conversión definitiva en convento de clausura se completó en 1743, después de superar las resistencias de las autoridades civiles y de otros monasterios de la ciudad. El obispo desempeñó un papel fundamental en este proceso, también mediante su aportación económica.

La investigación pone de relieve que no se trató de una ruptura con la tradición anterior. Las religiosas fueron incorporando el nuevo carisma sin abandonar sus antiguas devociones. La biblioteca conventual, que conserva un importante fondo antiguo, permite seguir este proceso: junto a las obras de santa Teresa, las Constituciones y las crónicas carmelitanas aparecen libros de espiritualidad franciscana y de otras familias religiosas.

Un cancionero

Uno de los aspectos más originales del artículo es el estudio de un manuscrito poético conservado en el archivo conventual. Se trata de una recopilación de poemas y canciones de diversa procedencia, cuya autoría no puede establecerse con seguridad. Algunas composiciones podrían haber sido escritas por las propias religiosas, aunque también cabe la posibilidad de que procedieran de otros ambientes conventuales.

Sus páginas permiten acercarse a las devociones que alimentaban la vida de aquellas mujeres: la Virgen María, la Navidad, la Pasión de Cristo, el Santísimo Sacramento y numerosos santos, entre ellos san Pedro de Alcántara y san Antonio de Padua. También aparece santa Teresa de Jesús.

Precisamente de una composición conservada en la historia del convento procede el título elegido por la investigadora:

«Reyne teresa en la casa de Antonio,
primera planta de aqueste Bergel».

Los versos siguientes hablan de lirios, azucenas y violetas entretejidos. La autora interpreta los lirios como símbolos de san Antonio de Padua, las azucenas como referencias a santa Teresa y las violetas como alusión a la Pasión de Cristo. La imagen expresa admirablemente la identidad espiritual de la comunidad: las flores del Carmelo se entrelazan con las de su antigua tradición franciscana, sin perder ninguna de ellas su significado.

Identidad visible en el arte

Esta convivencia de tradiciones quedó reflejada en el conjunto artístico de la iglesia y del convento. Especialmente significativo es el retablo del altar mayor, donde aparecen Nuestra Señora de los Ángeles, santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, acompañados por san José. En la parte superior, san Francisco de Asís corona la imagen de santa Teresa, y san Antonio de Padua la de san Juan de la Cruz.

La disposición de las imágenes traduce visualmente lo que expresaba el poema: la nueva comunidad carmelitana no olvidaba la historia que la había precedido.

La autora destaca también la conservación de los retratos de Elvira de Jesús y del obispo Malaguilla, reconocidos ambos como figuras fundacionales: ella, por haber dado forma a la comunidad primitiva; él, por haberla conducido a su nueva identidad carmelitana.

Una historia que amplía nuestra mirada sobre el Carmelo

Además de recuperar la historia de un convento poco estudiado, este trabajo nos aporta una mejor comprensión de la vida religiosa femenina durante la Edad Moderna. Frente a las interpretaciones que presentan los procesos de institucionalización de los beaterios como simples mecanismos de control, el caso de Badajoz muestra una realidad más compleja, en la que la iniciativa de las propias mujeres tuvo un papel decisivo.

La conservación de su archivo, biblioteca, manuscritos literarios y patrimonio artístico permite acercarse a una experiencia espiritual que las historias generales de la Orden apenas habían considerado. Es, además, una invitación a prestar atención a las fundaciones posteriores a la época de santa Teresa y a descubrir cómo su legado fue recibido, interpretado y vivido en contextos diferentes. En Badajoz, Teresa encontró una casa en la que ya habitaba Antonio. Y las dos tradiciones aprendieron a convivir.

Referencia del artículo:

María Mercedes Jáuregui Cruz, «“Reyne Teresa en casa de Antonio”. Sincretismo espiritual teresiano-franciscano en el beaterio/Convento de Carmelitas Descalzas de Badajoz (s. XVII-XVIII)», Archivo Ibero-Americano, 85, n.º 301 (2025), pp. 481-543.

Leer el artículo completo en acceso abierto  en este enlace

 


Deja una respuesta