El lenguaje del amor ocupa un lugar central en la literatura de todas las épocas, pero adquiere una dimensión singular en la experiencia mística. Un reciente artículo de Rocío Pérez-Gironda explora cómo santa Teresa de Jesús se sirve precisamente de ese lenguaje amoroso —y, en ocasiones, de imágenes cercanas a lo erótico— para expresar una realidad que, por definición, resulta difícil de comunicar: la unión del alma con Dios.
El estudio parte de una idea fundamental: los autores místicos necesitan recurrir a metáforas, paradojas e imágenes conocidas por sus lectores para hacer comprensible una experiencia inefable. En este contexto, el lenguaje amoroso se convierte en una herramienta privilegiada.
La autora analiza varios textos teresianos, comenzando por uno de los pasajes más conocidos del Libro de la vida: la transverberación. La descripción del ángel que atraviesa el corazón de Teresa con un dardo encendido ha dado lugar a numerosas interpretaciones y representaciones artísticas a lo largo de los siglos. El artículo pone de relieve cómo la santa combina el dolor y la suavidad, el sufrimiento y el gozo, para expresar la intensidad de la unión divina.
El trabajo se detiene también en cuatro poemas especialmente significativos: Mi amado para mí, Muero porque no muero, Vuestra soy y Coloquio amoroso. En ellos aparecen algunos de los motivos más característicos de la tradición amorosa adaptados al ámbito espiritual: el amor herido, la entrega total al amado, la paradoja como forma de expresar lo inefable, el diálogo entre los amantes y la identificación de Dios como esposo.
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es mostrar cómo Teresa reutiliza imágenes presentes en la tradición literaria de su tiempo —incluidas algunas procedentes de la poesía renacentista y del imaginario clásico— para transformarlas en un lenguaje propiamente cristiano. La flecha del amor, el cazador que persigue a la amada o la figura de los esposos adquieren un significado nuevo al servicio de la experiencia mística.
El artículo subraya además que la santa combina este lenguaje amoroso con otro de sus rasgos más conocidos: la cercanía expresiva. Teresa escribe con naturalidad y recurre a ejemplos cotidianos para hacer accesibles cuestiones espirituales complejas.
En definitiva, el estudio muestra cómo el amor no es un simple tema dentro de la obra teresiana, sino el verdadero lenguaje mediante el cual la santa logra comunicar su experiencia de Dios.
Pérez-Gironda, Rocío. «Expresión amorosa en la obra de santa Teresa de Jesús». eHumanista, n.º 66 (2026), pp. 135-148.
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