Pocas historias resultan tan sorprendentes como la de Ana García Manzanas, la humilde campesina que aprendió a escribir a los treinta años y acabó convirtiéndose en una de las voces más singulares de la mística española del Siglo de Oro.
Conocida en religión como Ana de San Bartolomé, fue enfermera, secretaria y compañera inseparable de Teresa de Jesús en sus últimos años, y estuvo a su lado cuando la Santa exhaló el último suspiro en Alba de Tormes, en octubre de 1582. Tras la muerte de la Fundadora, Ana cruzó los Pirineos con otras hermanas, como Ana de Jesús, para llevar el Carmelo teresiano a Francia y luego a Flandes, donde vivió hasta su muerte en Amberes en 1626. Este año se cumplen, precisamente, los 400 años de su fallecimiento.
Un reciente artículo de Beatriz de Ancos Morales, publicado en la revista de Humanidades y Espiritualidad Specula (Universidad Católica de Valencia), nos invita a redescubrir la Autobiografía de la beata : un texto escrito en primera persona, llano y sin artificios, donde se entremezclan visiones místicas, episodios históricos de la Europa de su tiempo y una profunda fidelidad al carisma teresiano. La autora analiza cómo la Autobiografía dialoga con el Libro de la Vida de Teresa de Jesús y demuestra que Ana no fue una simple seguidora, sino una transmisora activa de ese legado espiritual a toda Europa.
Un texto, en definitiva, que merece ser mucho más conocido por quienes aman la espiritualidad carmelita. Puedes acceder a las obras de Ana de San Bartolomé en Digicarmel en este enlace.
Lee el artículo de Beatriz de Ancos en este enlace