El pasado 24 de febrero, la ciudad de Úbeda, dentro del espacio cultural «Las ínsulas extrañas», acogió la conferencia titulada «La influencia de san Juan de la Cruz en la extensión iconográfica del Nazareno en Andalucía», impartida por José Miguel Gámez Salas, doctor en Historia del Arte y concejal de Patrimonio Mundial.
La propuesta abordó la cuestión de hasta qué punto la experiencia mística y el lenguaje simbólico de san Juan de la Cruz contribuyeron a configurar una nueva sensibilidad en la representación del Nazareno andaluz. No se trataba de una influencia directa en términos de programa iconográfico cerrado, sino de un clima espiritual y estético que favoreció determinadas soluciones formales y expresivas.
El recorrido partió del Cristo con la Cruz de Huétor Vega, obra que anticipa algunos rasgos de mayor interiorización y contención expresiva, y se extendió hacia los grandes Nazarenos barrocos de ciudades como Granada, Priego de Córdoba, Baeza, Úbeda y Jaén. En este proceso se puso de relieve cómo el dramatismo, la intensidad afectiva y una cuidada perfección formal no fueron meros recursos retóricos del Barroco, sino expresión de una teología de la experiencia que encontraba en la figura del Nazareno un vehículo privilegiado.
La conferencia subrayó que el Nazareno andaluz no es solo una imagen de sufrimiento, sino una síntesis visual de humillación y majestad, de abatimiento y dignidad. Esta tensión, tan propia de la espiritualidad sanjuanista —donde la noche es tránsito y la herida es transformación—, habría encontrado en la escultura procesional un cauce particularmente elocuente.
La intervención aporta elementos de interés tanto para historiadores del arte como para quienes estudian la recepción cultural de la espiritualidad carmelitana en la Andalucía moderna. En un terreno donde conviene distinguir cuidadosamente entre influencia documentable y afinidad espiritual, la reflexión abre un campo de investigación que merece ser profundizado con fuentes y análisis comparativos más sistemáticos.