El pasado miércoles 14 de enero de 2026, dentro del ciclo de los Miércoles Teresianos, tuvo lugar en la Casa Natal de santa Teresa, en Ávila, la conferencia titulada «San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia Universal», a cargo del P. L. Javier Fernández Frontela, ocd. El acto se celebró a las 19:00 horas en el salón de actos del convento de “La Santa».
Hoy, al ofrecer el vídeo de esta conferencia, lo hacemos con un sentimiento de gratitud. El P. L. Javier Fernández Frontela, fallecido solo diez días después de esta charla, que queda como uno de sus últimos servicios públicos de docencia histórica al Carmelo y a la Iglesia. Su exposición, rigurosa y documentada, deja constancia de una vida dedicada al estudio serio de la tradición carmelitana.
La presentación corrió a cargo del P. David Jiménez, quien recordó la trayectoria del P. Frontela como historiador y su vinculación previa con la ciudad de Ávila. Se subrayó asimismo que parte del contenido de la conferencia había sido ya publicado —o lo sería— en la Revista Teresa de Jesús, lo que permitía una lectura más reposada de un tema que, por su amplitud, no podía agotarse en una sola sesión.
La conferencia se planteó desde el inicio como un recorrido histórico: no una exposición espiritual del pensamiento sanjuanista, sino una explicación documentada de cómo se llegó al doctorado eclesial de san Juan de la Cruz, proclamado oficialmente en 1926. El ponente insistió en que un doctorado en la Iglesia no es un gesto inmediato ni devocional, sino el resultado de un proceso largo, complejo y condicionado por factores culturales, eclesiales y doctrinales.
El P. Frontela comenzó situando la recepción de san Juan de la Cruz durante siglos casi exclusivamente en ámbitos religiosos. Frailes, monjas y teólogos lo leyeron como maestro espiritual, pero su obra permaneció durante mucho tiempo al margen de la historia literaria española. Este panorama empezó a cambiar en el siglo XIX, cuando, a raíz de la desamortización y la exclaustración, san Juan “sale de los conventos” y comienza a ser leído en ambientes laicos.
En este proceso de recuperación, el conferenciante destacó tres hitos fundamentales:
– la inclusión de san Juan de la Cruz en la Biblioteca de Autores Españoles en 1854, editada por Francisco Pi y Margall, quien lo reconoció explícitamente como prosista y poeta de primer orden;
– el discurso de ingreso de Marcelino Menéndez Pelayo en la Real Academia Española (1881), donde calificó su poesía como una realidad que infunde “religioso terror”;
– y el certamen literario nacional convocado con motivo del tercer centenario de su muerte.
A partir de aquí, el P. Frontela mostró cómo san Juan de la Cruz fue consolidándose en el canon literario del siglo XIX gracias a manuales de historia de la literatura, como los de Gil y Zárate o Manuel de la Revilla, y cómo acabó siendo admitido por la Real Academia Española como autoridad lingüística.
La conferencia se detuvo después en el tercer centenario de la muerte del Santo (1891), que supuso un primer intento serio de promover su doctorado. Se analizaron las distintas iniciativas: la del obispo de Ávila, Juan Muñoz Herrera; la de la provincia carmelitana de San Elías de Castilla, con la creación de la Revista San Juan de la Cruz; y las gestiones de la Orden ante la Santa Sede. Aunque aquel intento no prosperó plenamente, dejó sentadas las bases doctrinales y jurídicas de la causa.
El ponente explicó con detalle el nuevo impulso dado en las décadas siguientes, hasta llegar al momento considerado oportuno: 1926, en un contexto marcado por la renovación de la teología espiritual y el interés por la mística cristiana. Se repasaron las numerosas cartas postulatorias enviadas a Roma por obispos, universidades eclesiásticas y civiles, órdenes religiosas y figuras destacadas de la Iglesia.
Especial relieve tuvo la referencia a santa Teresa del Niño Jesús, canonizada en 1925, presentada como discípula declarada de san Juan de la Cruz y como figura clave en el reconocimiento eclesial de su maestro. El P. Frontela recordó testimonios que muestran hasta qué punto la lectura sanjuanista fue decisiva en su camino espiritual.
Finalmente, se describió el trabajo de la Congregación de Ritos, el examen de la doctrina sanjuanista conforme a los criterios clásicos establecidos por Benedicto XIV y el dictamen unánime favorable. El proceso culminó con la carta apostólica de Pío XI, fechada el 24 de agosto de 1926, por la que san Juan de la Cruz fue proclamado Doctor de la Iglesia Universal.