Juan de la Cruz frente al ruido digital: claves para cuidar la interioridad hoy

La Semana de Teología para Seglares, organizada por el Instituto de Estudios Teológicos San Joaquín Royo de Teruel, se clausuró el jueves 22 de enero con la conferencia de María José Pérez, carmelita descalza de Puçol, que abordó uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo bajo el sugerente título ¿Cómo cultivar interioridad y discernimiento en un mundo dominado por pantallas y notificaciones?.

La charla partía de un diagnóstico claro. No vivimos simplemente un abuso individual de la tecnología, sino inmersos en un ecosistema diseñado para capturar y retener nuestra atención. Redes sociales, notificaciones y consumo constante de estímulos no solo fragmentan el tiempo, sino que empobrecen la capacidad de concentración, debilitan la soledad fecunda y superficializan las relaciones. La consecuencia es una dificultad real para el discernimiento y para una vida espiritual con hondura.

La conferencia subrayó que el problema no es la tecnología en sí, sino la relación que establecemos con ella. Frente a la ingenua apelación a la “moderación”, se propuso recuperar una filosofía del uso tecnológico que devuelva a la persona la iniciativa y el gobierno de su atención.

La segunda parte de la conferencia se articuló en torno a cuatro versos breves de san Juan de la Cruz —la conocida Suma de perfección— leídos como una auténtica hoja de ruta para nuestro presente:

Olvido de lo criado,
memoria del Criador,
atención a lo interior
y estarse amando al Amado.

Cada uno de estos movimientos fue desplegado con calma, mostrando su sorprendente actualidad.

La propuesta final no fue una técnica ni una receta rápida, sino un camino: recuperar espacios de silencio, soledad y presencia; aprender a soltar estímulos para poder habitar la propia vida; dejar de vivir empujados desde fuera. En un mundo que nos quiere siempre disponibles y reactivos, la interioridad aparece como un acto humilde y profundamente subversivo.

Ofrecemos ahora el vídeo completo de la conferencia, para quienes deseen escucharla con calma y dejarse interpelar por una pregunta que atraviesa todo el planteamiento: ¿estamos habitando nuestra vida o solo la estamos atravesando distraídos?

Al final, como recordaba san Juan de la Cruz, quizá todo se resuma en esto: «ya solo en amar es mi ejercicio».

 


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