El “más perfecto grado de perfección” según san Juan de la Cruz

En el artículo que hoy presentamos, se nos propone una lectura teológico-espiritual de Llama de amor viva centrada en una pregunta decisiva: ¿qué entiende san Juan de la Cruz por el grado más alto de perfección alcanzable en esta vida?

Se trata de un artículo de Denisa Červenková, religiosa de las Carmelitas de Santa Teresa de Florencia, y profesora de  la Facultad de Teología Católica de la Universidad Carolina de Praga, publicado en inglés en el último número de Analecta Cracoviensia (57/2025). La autora se sitúa conscientemente en continuidad con estudios recientes sobre la cristología sanjuanista, pero da un paso más: explora cómo la experiencia descrita en Llama articula cristología, pneumatología y experiencia trinitaria en una síntesis madura de la visión sanjuanista de la salvación. No se trata solo de un comentario literario o doctrinal, sino de una reflexión sobre la experiencia espiritual en su forma culminante, tal como es vivida y expresada por el místico.

La experiencia espiritual como eje del pensamiento sanjuanista

Červenková parte de la constatación de que san Juan de la Cruz es uno de los pocos autores de la tradición occidental que se atreve a describir de modo sistemático lo que experimenta el sujeto humano en el proceso de crecimiento espiritual y, especialmente, en su culminación.

En Llama de amor viva, ese proceso alcanza su cima. El objetivo explícito del texto —repetido por el propio Juan— es describir «el más perfecto grado de perfección a que en esta vida se puede llegar», identificado sin rodeos con la transformación en Dios por amor.

La autora recuerda que esta experiencia no puede separarse de la Escritura ni de la historia de la salvación: la mística sanjuanista es, en su núcleo, una actualización existencial del misterio cristiano, no una experiencia marginal o privada.

Del Verbo encarnado al Verbo-Esposo

Uno de los aportes centrales del artículo es mostrar la continuidad entre dos grandes ejes de la obra sanjuanista: la mística del Verbo encarnado, enraizada en la cristología joánica y la mística del Verbo-Esposo, que estructura Llama de amor viva.

El Verbo no solo se encarna: toca, hiere, inflama el centro mismo del alma. Ese toque del Hijo —descrito como delicado y poderosísimo a la vez— abre al sujeto humano a una experiencia plenamente pneumatológica, simbolizada por la llama. El Espíritu no es un añadido posterior: es quien hace posible que el toque del Verbo sea vivido como vida, fuego y transformación.

La experiencia espiritual aparece así como un arco completo: desde el In principio erat Verbum hasta la unión descrita en Llama, donde el ser humano participa activamente en la vida trinitaria.

Símbolos y lenguaje: fuego, centro, toque

Como en sus otras grandes obras, san Juan escribe primero un poema y luego lo comenta. Červenková subraya que este procedimiento no es decorativo: el comentario ofrece la clave hermenéutica del propio autor.

El símbolo central es bien conocido: el fuego (el Espíritu) que transforma la madera (el interior humano) hasta que la madera misma se vuelve llama.

Este fuego actúa en el centro más profundo del alma, allí donde ni los sentidos ni el demonio alcanzan. El lenguaje del místico se llena entonces de imágenes táctiles: cauterio, herida, toque, aliento, calor. No son metáforas estéticas, sino intentos de decir lo indecible: una experiencia real, pero suprasensible, que solo puede expresarse simbólicamente.

Unión con Dios: don, pasividad y participación

La autora insiste en un punto clave: en este grado supremo de unión, la iniciativa es enteramente divina. El alma no “hace” actos; es movida por el Espíritu. San Juan lo dice con una audacia que roza el escándalo teológico si se lee mal:
los actos del alma son divinos porque proceden de Dios.

No se trata de anulación del sujeto, sino de participación. La unión integra todas las dimensiones de la persona —espirituales, afectivas, incluso corporales— y transforma la manera de conocer, amar y recordar. El entendimiento participa de la sabiduría divina, la voluntad vive del amor del Espíritu, la memoria se satura de eternidad.

Aquí aparece una constante del artículo: la experiencia no es estática, sino dinámica, lúdica incluso, descrita por el Santo como “juegos del amor”, en los que hay movimiento y reposo a la vez.

El cuerpo, último velo

Un apartado particularmente sugerente es el dedicado al cuerpo. Incluso en esta cima, permanece un “velo”: la condición corporal. No como obstáculo grosero, sino como frontera sutil.

El alma vive ya en Dios, pero sigue habitando la “casa terrena”. De ahí el deseo —tan fuerte en Llama— de que ese velo sea rasgado, no por desprecio del cuerpo, sino por plenitud de amor. Paradójicamente, cuando la experiencia se manifiesta corporalmente, ya no se vive como dolor, sino como intensidad gozosa.

El toque del Verbo y el centro del alma

Uno de los núcleos del artículo es el análisis del toque del Verbo en la sustancia del alma. El místico abulense lo describe como infinitamente delicado e infinitamente poderoso. No tiene forma ni imagen, no ocupa espacio, no puede decirse… pero se percibe. Červenková subraya el carácter paradójico de esta experiencia: es inefable, pero real; no sensible, pero experimentada.

El centro del alma aparece como un punto minúsculo —imagen del grano de mostaza— del que brota un fuego sin límites, capaz de inundar toda la creación. Desde ahí se vive la unión entre intimidad extrema y apertura universal.

Contemplación: recibir, callar, dejar hacer

En esta fase culminante, toda actividad propia debe cesar. La contemplación es pura recepción: conocimiento y amor infundidos simultáneamente (noticia amorosa).

San Juan insiste —y el artículo lo recalca— en que cualquier forma de meditación discursiva aquí estorba. Lo único adecuado es el silencio, la atención amorosa, la pasividad lúcida. No es inactividad espiritual, sino disponibilidad total.

La experiencia se caracteriza por paz, suavidad, soledad interior y una profunda afinidad con el modo de ser de Dios.

Matrimonio espiritual y vida trinitaria

La culminación de Llama de amor viva se expresa mediante la imagen del matrimonio espiritual. Es una afirmación radical de una relación recíproca: Dios se da al alma y el alma se da a Dios, cada uno en el otro.

La Trinidad habita en el interior humano; el Verbo es Señor absoluto del alma; el Espíritu es aliento, fuego y gozo. El amor ya no busca dones: ama a Dios por quien es.

Conclusión

El artículo de Denisa Červenková muestra que Llama de amor viva no es un texto marginal ni solo para “almas extraordinarias”, sino una síntesis madura de la teología espiritual sanjuanista, donde experiencia, doctrina y lenguaje simbólico convergen.

El “más perfecto grado de perfección” no es evasión del mundo ni privilegio elitista, sino participación real —aunque aún velada— en la vida trinitaria, vivida en el centro mismo de la existencia humana.

Referencia

Červenková, Denisa, «“Más perfecto grado de perfección a que en esta vida se puede llegar”. The aim of spiritual development in the texts of John of the Cross».  Analecta Cracoviensia 57 (2025): 53–78. https://doi.org/10.15633/acr.5703


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