Se acaba de publicar en Fonte Estudios históricos. Santa Teresa y San Juan de la Cruz, volumen que reúne una selección significativa de los trabajos que Teófanes Egido dedicó, a lo largo de más de cincuenta años, a santa Teresa de Jesús y a san Juan de la Cruz. Estamos ante una antología —al cuidado de Salvador Ros y L. Javier Frontela— que permite recorrer, con unidad y coherencia, una de las aportaciones historiográficas más sólidas sobre ambos fundadores del Carmelo descalzo.
Desde las primeras páginas queda claro el planteamiento: aplicar métodos y criterios históricos rigurosos a figuras que durante siglos han sido leídas, casi exclusivamente, desde la óptica hagiográfica o espiritual. Egido parte de una convicción sencilla y exigente a la vez: Teresa y Juan solo pueden comprenderse adecuadamente si se los sitúa en su contexto social, político, cultural y eclesial. Esto implica revisar inercias, desmontar tópicos consolidados y distinguir entre construcción barroca y dato histórico.
La parte dedicada a santa Teresa ocupa la mitad más amplia del volumen. En ella se abordan cuestiones que han marcado decisivamente los estudios teresianos contemporáneos: el tratamiento historiográfico de su figura, su circunstancia histórica, el ambiente misionero de la España del siglo XVI, la presencia de la religiosidad popular en su experiencia, su linaje judeoconverso, la reforma en contexto regalista, el sistema postal que sostuvo su red fundacional, el valor histórico del Epistolario y su conciencia de mujer en una sociedad estructuralmente discriminatoria. No es una Teresa aislada en el ámbito exclusivo de la mística, sino una mujer profundamente inserta en su tiempo, atenta a los problemas eclesiales y sociales, capaz de actuar con inteligencia estratégica y con una notable percepción de las tensiones de su entorno.
Especial relevancia tiene el tratamiento del origen converso de su familia, estudiado con documentación en la mano, y el análisis de la reforma carmelitana en relación con la política religiosa de la monarquía hispánica. Estas páginas ayudaron a desplazar definitivamente una lectura ahistórica de la fundadora y a integrar su trayectoria en el entramado real de la Castilla del Quinientos.
La sección dedicada a san Juan de la Cruz responde a una preocupación semejante, aunque el punto de partida sea distinto. En el caso del santo, la dificultad es mayor por la escasez de fuentes autobiográficas y por el peso determinante de las hagiografías barrocas. Teófanes mostró con claridad que la imagen tradicional de Juan estaba fuertemente modelada por los estereotipos de santidad propios del siglo XVII. Su trabajo consistió, en buena medida, en distinguir entre relato edificante y reconstrucción histórica.
Particularmente significativo es el estudio sobre la familia de los Yepes y el mundo de la pobreza en que nació Juan. Recuperar su origen humilde es una clave para comprender su itinerario vital y su sensibilidad espiritual. También lo es el análisis de la construcción hagiográfica posterior, que transformó a un religioso crítico y humanista en un modelo perfectamente ajustado al canon contrarreformista. Sin despojarlo de su grandeza, Egido lo devuelve a su condición histórica concreta.
El conjunto del volumen ofrece así una mirada integrada sobre ambos fundadores, sustentada en fuentes, en documentación y en una metodología historiográfica exigente. No es un libro de devoción ni un ensayo literario. Es el fruto de una larga dedicación académica que ha contribuido decisivamente a renovar los estudios teresianos y sanjuanistas.
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