En la revista Neophilologus ha aparecido recientemente un estudio firmado por Marlen Bidwell-Steiner (Universidad de Viena) que ofrece una lectura sugestiva de dos obras muy distintas, pero casi contemporáneas: el Libro de la Vida de santa Teresa de Jesús y el anónimo Lazarillo de Tormes. El trabajo se titula Casuistry and Self-Narration in Early Modern Spain: Libro de la Vida (Teresa of Ávila) and Lazarillo de Tormes y está disponible en acceso abierto.
El punto de partida del artículo es la casuística, esa forma de razonamiento moral que, en la España del XVI, se desarrolló en los manuales de confesores dominicos y jesuitas. El método casuístico se basaba en preguntar con detalle sobre las circunstancias de cada pecado (¿quién, qué, dónde, por qué, cuántas veces, cómo?). Esto no solo afinaba la labor pastoral, sino que también fomentaba una práctica de autoexamen y de interiorización que acabaría influyendo en la literatura.
La autora muestra cómo este trasfondo cultural se refleja tanto en el Lazarillo como en la Vida de Teresa. Ambos textos se presentan como autonarraciones obligadas: Lázaro escribe su historia a petición de un misterioso “Vuestra Merced” para explicar un “caso”; Teresa redacta su vida por mandato de sus confesores. En los dos relatos se cruzan la confesión religiosa y la narración literaria.
En el análisis del Libro de la Vida, Bidwell-Steiner subraya cómo Teresa adopta recursos de la retórica casuística: la importancia de las emociones en el relato, el uso de metáforas de camino, caída y conversión, y la tensión entre el “yo interior” y el “yo exterior”. A lo largo de los primeros capítulos se aprecia el paso de Teresa de “buscadora espiritual” a “guía espiritual”, con momentos clave como su conversión de 1554. Según la autora, Teresa introduce una dimensión novedosa: la devoción amorosa, vinculada a lo femenino, que reinterpreta la tradición centrada en el temor y en la autoridad masculina.
El contraste con el Lazarillo resulta revelador. El pícaro también narra su vida como una confesión, pero en su caso el examen de conciencia se convierte en sátira: los amos, muchos de ellos eclesiásticos, aparecen como figuras corruptas, y Lázaro termina justificando su acomodo vital con un cinismo que subvierte los códigos morales. Aquí la casuística no conduce a la conversión, sino a la denuncia irónica de un orden social y religioso marcado por la hipocresía.
En conclusión, el estudio muestra que, pese a sus diferencias, tanto Teresa como Lázaro transforman el mandato confesional en un relato que afirma su subjetividad. La casuística, más que un lastre, se revela como un motor de creatividad literaria en el Siglo de Oro, abriendo camino a nuevas formas de narración en primera persona.
Puedes leer el artículo completo en este enlace: Acceso abierto al texto en Neophilologus
