De cuán graciosa y apacible era la belleza de la Virgen Nuestra Señora

Luis Rosales

Venid, alba, venid; ved el lucero
de miel, casi morena, que trasmana
un rubor silencioso de milgrana
en copa de granado placentero.

La frente como sal en el estero,
la mano amiga como luz cercana,
y el labio en que despunta la mañana
con sonrisa de almendro tempranero.

Venid, alba, venid. Y el mundo sea
heno que cobra resplandor y brío
en su mirar de alondra transparente.

Aurora donde el cielo se recrea,
aurora tú, que fuiste como un río,
y Dios puso la mano en tu corriente …

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Feliz fiesta de la Virgen del Carmen, Madre del Carmelo


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