Luis Rosales |
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| Venid, alba, venid; ved el lucero de miel, casi morena, que trasmana un rubor silencioso de milgrana en copa de granado placentero. La frente como sal en el estero, Venid, alba, venid. Y el mundo sea Aurora donde el cielo se recrea, |
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Una respuesta a “De cuán graciosa y apacible era la belleza de la Virgen Nuestra Señora”
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gracias mi Madre yo abrazo