Como adelantábamos hace unos días, «Salamanca. Revista de Estudios» ha dedicado su número 59 a Santa Teresa de Jesús con motivo de la celebración del V centenario de su nacimiento. El día 12 de diciembre, a las 19h., será presentado este volumen en el teatro de Alba de Tormes. En el acto, intervendrán:
- Concepción Miguélez Simón (Alcaldesa de Alba de Tormes)
- Manuel Tostado González (Diputado de Cultura)
- Manuel J. Diego Sánchez (Padre Carmelita)
- J. A. Bonilla Hernández (Coordinador de la Revista)
Finalmente, habrá una actuación de la Coral Albense.
Salamanca. Revista de estudios, nº 59. Monográfico: La huella de Teresa de Jesús
2014. 349 pp. 12 €
Puedes descargar el índice de la revista en este enlace.
A continuación, ofrecemos la introducción a los diferentes artículos que aparece en el volumen, y agradecemos a los coordinadores de la revista su autorización para reproducir el texto en este blog:
Introducción
La huella de Teresa de Jesús: perspectivas interdisciplinares en el V Centenario
Román Álvarez Rodríguez
José Antonio Bonilla HernándezSanta Teresa, la santa andariega de tosco sayal, dejó huella imborrable en todos los órdenes de la vida. Prueba de ello es que su figura ha sido venerada y estudiada desde las perspectivas más diversas a lo largo de los cinco siglos transcurridos desde su nacimiento hasta nuestros días. Ávila y Alba de Tormes son los hitos que marcan la trayectoria vital y espiritual de Teresa de Cepeda y Ahumada. En la fría y amurallada ciudad castellana atisbó la luz por vez primera, y en la Villa Ducal ribereña del Tormes dio su último suspiro arropada por la comunidad carmelitana que ella misma había fundado.
Comienza, pues, un año pleno de celebraciones y homenajes. Instancias estatales, autonómicas, provinciales y locales se aprestan a celebrar un acontecimiento de inusitada relevancia. Las más altas jerarquías eclesiásticas, encabezadas por su máximo representante, el papa Francisco, se han implicado en el centenario teresiano. La orden carmelitana, por su parte, acoge con satisfacción y legítimo orgullo el patrocinio de un evento de singular importancia para una comunidad que ha dado sobradas muestras de recia espiritualidad, fortaleza, sabiduría y entrega por todo el orbe cristiano.
A esta convocatoria en una efeméride tan singular no podía faltar la Diputación de Salamanca, la cual, a iniciativa de su Diputado de Cultura, Manuel Tostado, y del conjunto del consejo editorial de Salamanca Revista de Estudios, se ha puesto a la tarea de sacar a la luz un número extraordinario y monográfico de dicha revista. En efecto, el número 59 está dedicado en su integridad a la figura de Santa Teresa, tan estrechamente unida a la provincia salmantina. Entre tal multitud de congresos, conferencias, exposiciones y encuentros de todo tipo, desde el seno de esta revista hemos querido contribuido al esplendor de un año tan insigne y señalado con el presente volumen que el lector tiene en sus manos. En sus páginas se recogen aportaciones de marcado contenido académico, serias y rigurosas, con el propósito subyacente a todas ellas, y a la obra en su conjunto, de presentar una visión interdisciplinar, plural, original y representativa de las principales líneas de investigación del teresianismo contemporáneo. Expertos de reconocido prestigio han agavillado lo mejor de sus interpretaciones teresianas desde la óptica de la historia, la mística, la filología, la medicina, las bellas artes en sus diferentes manifestaciones y otras muchas disciplinas, sin por ello eludir la visión personal que pueda aflorar en cada uno de los artículos. El resultado refleja un incuestionable rigor académico adornado de la belleza de una expresión escrita impecable, todo lo cual destila una palmaria admiración por la santa, por sus escritos, su temple humano y humanista, su admirable estela como mística, como persona esperanzada y comprometida con unos tiempos en los que resultaba difícil ser mujer, monja, maestra, escritora y fundadora.
Los lectores de los textos teresianos suelen preguntarse cómo era la ciudad natal de Santa Teresa, la Ávila del siglo XVI y su entorno urbano. La santa, sorprendentemente, ofrece pocos datos del lugar donde nació y fundó el primer convento, el de San José. Estudiosos y biógrafos han acometido con mayor o menor fortuna la labor de completar el vacío que dejó en la historia medieval y moderna. A la delimitación del contexto ha contribuido especialmente el autor de este ensayo, el historiador Serafín de Tapia a través de sus muchos trabajos. Ávila, nos dice ahora, era en tiempos de Santa Teresa una ciudad de tipo medio para su época, donde estaban vigentes la marginación de la mujer –que en la práctica no tenía más opciones que profesar en un convento o aceptar el matrimonio previamente concertado– y la “limpieza de sangre”, concepto que tan de cerca tocaba a la santa, dados sus orígenes familiares. El artículo aborda las distintas instituciones vigentes, la demografía, las clases sociales, sobre todo las más humildes en las que se cebaba el hambre, la incultura y las enfermedades. Tampoco se omiten referencias a los diferentes estamentos y a algunos de los personajes más relevantes de la época. El lector dispondrá así de un contexto iluminador en el que situar la peripecia vital de Teresa a lo largo de sus años más fructíferos.
La primera fundación de Teresa fue la del convento de San José en su propia ciudad, fundación a la que le seguirían otros 16 conventos más en diversos lugares de la península. A este respecto, Sonsoles Sánchez-Reyes, coordinadora de la conmemoración del 450 aniversario del convento, traslada al lector desde el pasado, hace ya 452 años, hasta el momento presente, en el que el primitivo convento sigue siendo un dinámico centro de espiritualidad y modélica pujanza. A partir de la fundación –que marcará la trayectoria futura de quien sería ya por siempre Teresa de Jesús– este convento, el primero acogido a la advocación de San José, se convertirá en modelo y guía para los demás centros de espiritualidad teresiana. Superadas las adversidades tanto económicas como legales, la santa estaba ya en condiciones de proseguir su obra, tal y como como las Constituciones ponen de manifiesto. En este capítulo se explicita de forma detallada la génesis de la fundación y el cúmulo de vicisitudes que conllevó tan aguerrida empresa.
Las irrefrenables ansias de saber chocaban en Teresa con la cruda realidad de un contexto social en el que el conocimiento de muchos fenómenos, por elementales que fueran, le estaban vedados en su doble condición de mujer y de monja. Pero ello no obsta para que la santa abulense proclamara sin ambages su curiosidad por todo lo maravilloso y no se recatara en mostrar su admiración y asombro a medida que iba descubriendo nuevas cosas. En este sentido, José Vicente Rodríguez va desgranando las instancias en las que Teresa manifiesta esa ilimitada capacidad para imaginar, para admirarse, maravillarse, espantarse, extrañarse tanto ante fenómenos de la naturaleza como ante los misterios sobrenaturales y mostrar su asombro en esa doble vertiente. Expresiones como “es cosa de ver” se repiten con frecuencia e ilustran ese espíritu abierto a la admiración de cuantas cosas puso Dios sobre la faz de la tierra, desde las más pequeñas criaturas hasta las grandes obras de la naturaleza, prueba de la magnificencia divina. Esa capacidad de asombro y búsqueda, que suele quedar fijada en la adopción de un claro estilo admirativo en su discurso, la ejercita igualmente cuando se trata de la palabra de Dios, de los misterios divinos, de los libros sagrados, del carácter insondable del alma humana y, sobre todo, de la figura de Cristo, su gran interlocutor.
Las obras de Santa Teresa pueden tener distintos niveles de lectura. Podemos quedarnos con el componente autobiográfico, literario, con el mensaje religioso, con el valor testimonial de sus escritos, etc. Ella misma no se hubiera aplicado nunca para sí el concepto de mujer de letras, de escritora al uso. Sin embargo, los textos teresianos suponen una valiosa contribución a la literatura mística, tanto por el despliegue de recursos estilísticos como por la carga espiritual del contenido. Desde el punto de vista de la comunicación, supo trasladar con gran maestría el mensaje de sus experiencias personales. El dominio demostrado de las imágenes, figuras y símbolos la coloca a una altura similar a la de san Juan de la Cruz. Montserrat Izquierdo, que cuenta en su haber con publicaciones de primer orden en torno a Teresa de Ávila, lleva a cabo un recorrido metódico por la simbología teresiana. Esta autora analiza los textos partiendo de la idea de que el concepto de misericordia de Dios es la piedra angular, el leitmotiv de los textos de la santa en su afán por establecer una comunicación divina que pudiera ser comprendida por sus contemporáneos y por las generaciones venideras. Símiles, oposiciones, contrastes y otros recursos estilísticos ponen de relieve la originalidad del estilo teresiano y están al servicio de un evidente propósito didáctico. Porque a Teresa persigue, sobre todo, trasladar su experiencia interior, aunque para ello tenga que distorsionar algunas de las asumidas reglas de la retórica mediante su peculiar lenguaje simbólico. La cosmovisión teresiana se orienta hacia su propio interior y se construye a base de campos léxicos plenos de imágenes, símbolos y elipsis. Un buen ejemplo es la oposición entre lo interior y lo exterior en el mismo concepto de moradas, donde se pueden constatar numerosas imágenes propias del registro bélico para ilustrar la pugna en que se debate el alma. El uso de diminutivos con gran valor afectivo, el empleo de símbolos como el del gusano, el matrimonio, los desposorios, el agua, o el camino; la acumulación de imágenes bíblicas; la concatenación de determinados adjetivos, el uso de términos pronominales, adverbios, etc., vienen a demostrar la existencia de un estilo original inequívocamente teresiano.
El estudio de la obra teresiana desde el ámbito filológico ofrece un campo extraordinario para quienes, como María Jesús Mancho, han dedicado numerosas publicaciones a los textos místicos. Esta investigadora analiza con gran detalle determinados aspectos que configuran lo que ella denomina claves de la escritura teresiana, poniendo especial énfasis en las características estilísticas que se derivan de la actividad intelectual de Teresa en un contexto social y religioso muy concreto. Así, en efecto, la santa, en su doble condición de lectora y escritora, irá configurando poco a poco un estilo propio, fácilmente identificable en el ámbito de su literatura espiritual. La profesora Mancho Duque va trazando las líneas maestras que identifican las fuentes bibliográficas en las que bebió Teresa y el modo en que fue asimilando y adaptando a sus propósitos la interiorización de esas lecturas a la luz de su experiencia personal. Obras como Camino de perfección recogen las vehementes reivindicaciones de una mujer que debe desenvolverse en un mundo controlado y dirigido por varones. De ahí las sutiles matizaciones y hasta la autocensura que Santa Teresa hubo de aplicarse para no incurrir en los delitos que de cuando en cuando era acusada. Recurrir a la humildad, disimular el deliberado didactismo, insistir –con un punto de ironía– en la inferioridad del género femenino, eran estrategias que garantizaban la ortodoxia básica de sus escritos y le permitía cultivar una de sus pasiones: escribir por convencimiento y escribir cuando así se lo ordenaba su confesor. Esa irrefrenable fuerza creadora hacía que con frecuencia quebrantara los principios de la retórica clásica y se dejara arrastrar por las ansias de expresarse de una forma más o menos espontánea, llana, coloquial, irónica a ratos, simple y directa, en lo que podría llamarse un lenguaje propio, la retórica teresiana de la “sabia ignorancia” alejada de las tradiciones escolásticas y de los modelos expresivos varoniles al uso. En los rasgos de escritura teresianos se destaca, pues, el uso habitual de recursos y técnicas que configuran un estilo propio y característico, derivado de la sagacidad y de la recia espiritualidad de una santa a la que le fue otorgado el máximo galardón de Doctora de la Iglesia.
La influencia de Teresa traspasó muy pronto nuestras fronteras. Su fama de mujer santa, atrevida, que no se doblegó ni ante el poder de la Inquisición ni ante las imposiciones de una sociedad patriarcal, tuvo desde siempre campo abonado en la cultura anglosajona y en los ámbitos de habla inglesa en su conjunto. En esos países de costumbres, hábitos y usos alejados de los españoles, sobre todo en lo concerniente a la temática religiosa, la figura de Teresa de Ávila –como le la conoce por lo general fuera de España– tuvo una enorme proyección ya desde el siglo XVII en todas y cada una de las generaciones posteriores, comenzando por los poetas llamados metafísicos. Pero sería sobre todo en el XX cuando la presencia teresiana se aprecia con claridad en textos narrativos directamente inspirados en pasajes concretos de su biografía y en los mensajes de sus escritos. La literatura anglófona, como nos recuerda Patricia Bastida, es depositaria de una buena parte de ese fructífero legado teresiano. Las biografías de Teresa se multiplican, la narrativa de corte más o menos feminista antepone la mujer a la santidad, hace prevalecer el carisma personal, la capacidad de iniciativa, sobre otras consideraciones de calado netamente religioso. Autoras modernistas, como Gertrude Stein o novelistas de finales del XX y principios del XXI, como Michèle Roberts, en plena posmodernidad, establecen toda una serie de vínculos intertextuales en los que Teresa o alguna de sus obras se revelan como motivos de inspiración creativa y elementos temáticos de primer orden. Más allá de la visión hagiográfica tradicional, no faltan, como es natural, las revisiones feministas en el marco de los estudios de género. También aquí la santa abulense es considerada como avanzada en su concepción de la mujer y modelo de feminidad ella misma.
Dentro de esta misma perspectiva foránea y anglófona, pero pasada por un tamiz muy personal, se sitúan las reflexiones del actor y director teatral irlandés Denis Rafter. Su artículo destila una valiosa bifocalidad, si puede decirse así. Por un lado, recoge de una manera subjetiva y con gran valor emocional los primeros contactos de un católico irlandés con la santa española; por otro, articula esas impresiones personales a través de la biografía que Kate O´Brien escribió sobre Teresa. Pero, al mismo tiempo, la fuerza creadora del dramaturgo hace revivir en el escenario el encuentro de la monja fundadora con otra de las grandes figuras del misticismo español: san Juan de la Cruz. Kate O´Brien, nos recuerda Rafter, vino a España como institutriz de la familia Areilza en Portugalete. El cirujano Enrique Areilza era amigo de Unamuno y de otros miembros de la Generación del 98. La primera novela de Kate O’Brien gira en torno a sus experiencias con los Areilza. Poco a poco se iría empapando de la cultura, de la espiritualidad y del alma de España a través de las figuras que ella más admiraba: Cervantes, san Francisco Javier, san Juan de la Cruz y, sobre todo, Santa Teresa de Jesús. La religiosidad de esta monja singular, mística y reformista, concitó desde el principio una gran admiración en la escritora irlandesa. El descubrimiento de Teresa de Jesús fascinó a la joven Kate de tal modo que acabó escribiendo una biografía no tanto de la santa sino de la mujer que habitaba bajo el hábito carmelitano. Al principio del libro Teresa de Ávila podemos leer: “Escribo sobre Teresa de Ávila por propia elección, que es apasionada, arbitraria y personal”. Denis Rafter descubre a través de Kate O´Brien la gran humanidad de Teresa, su valor y coraje, su espíritu tozudo e innovador, su inspiración literaria y sus experiencias místicas. Teresa no fue una monja al uso. Conocía el mundo, sabía lo que pasaba a su alrededor, tenía noticia de cuanto acontecía tanto en Europa como en América, estaba abierta al conocimiento del siglo y al conocimiento de Dios y se granjeó el respeto en un mundo dominado por hombres. Denis Rafter, como su compatriota irlandesa, no ocultan la admiración compartida por Teresa, la mujer, y, subsidiariamente, por Teresa, la santa, la madre espiritual, la musa inspiradora.
Mercedes Marcos, por su parte, siguiendo una productiva veta investigadora en torno a la escritura conventual femenina, establece una interesante y novedosa relación entre las fundaciones franciscanas y las teresianas a partir de un manuscrito de sor Beatriz de la Concepción. Parece un hecho probado que las monjas de los siglos XVI y XVII siguieron en sus escritos (autobiografías, relatos de visiones y experiencias místicas, reflexiones piadosas, etc.) la estela y el ejemplo de Teresa de Jesús. Así, Francisca de la Concepción, buena conocedora del Libro de las Fundaciones, reconoce que en un momento determinado tuvo también la idea de fundar un convento sin renta (como el de Teresa) para las Franciscas Descalzas. Este tipo de manuscritos puestos en comparación con los textos de la santa abulense dan una idea de hasta qué punto las vidas e inquietudes espirituales (visiones, revelaciones, arrobamientos, raptos y otros momentos de éxtasis) y reformadoras de las dos monjas recorrieron caminos paralelos. Ambas siguieron fieles a las respectivas órdenes a las que pertenecían, aspirando tan solo a reconducir la observancia de las reglas primitivas; y ambas tuvieron como referentes los sabios consejos de san Pedro de Alcántara, promotor de la reforma franciscana y fundador él mismo del convento de El Palancar, que aún pervive en la provincia cacereña.
La mística y la ciencia no son términos contrapuestos, afirma Francisco Javier Sancho en su estudio. El exceso de cientifismo puede llegar a resultar contraproducente. Se sabe que determinadas actividades puramente mentales, como la meditación, por ejemplo, tienen efectos beneficiosos en el campo biológico del ser humano. Las experiencias místicas poco tienen que ver con actitudes enfermizas ante la vida. Muy al contrario, a través de ellas se llega a captar la dignidad humana. Los pliegues más recónditos de la mente, la vida más íntima del alma, por así decirlo, son un misterio para los psicólogos, por más que los complejos mecanismos de la física sigan siendo observables a la luz de la ciencia. La dignidad del ser humano es objeto de reflexión en algunos de los escritos de Teresa, aunque ella lo expresara con palabras y razones más emocionales que técnicas. Pero el espíritu humanista y la búsqueda de unos valores inmutables se encuentran a flor de piel en sus obras. El conocimiento de sí misma y la propia aceptación redundan en un mejor entendimiento de la realidad humana en su plena dignidad, esa misma dignidad de la que los hombres no siempre son conscientes, esa dignidad en la que precisamente radica la grandeza del ser humano sobre la tierra.
La tierra de Alba –última morada de la santa– y, por extensión toda la diócesis salmantina, muy pronto se vio inmersa en la vorágine teresiana, comenzando por las disputas en torno a la posesión de sus restos. No cabe duda de que la intervención de la poderosa Casa Ducal sería importante para consolidar los vínculos de la fundadora con la villa. Ya desde el momento mismo de la beatificación, en 1614, D. Antonio Álvarez de Toledo asigna la muy sustanciosa cantidad de dos mil ducados con el fin de solemnizar la fiesta y preparar el juramento del voto, como nos recuerda el carmelita Manuel Diego: “El Voto que ha de ser tomado por abogada a la Santa Madre, quiero que sea general y hacerle yo en nombre de mi casa y de esa mi villa y todos mis estados”. Manuel Diego aporta los textos correspondientes al Voto de Alba, al de Salamanca, a la confirmación del compromiso por parte del obispo Tavira en 1801, y a las dos cartas del Duque exhortando a las mayores solemnidades tanto para las fiestas de la beatificación como para el Voto mismo, que habría de formularse con gran pompa el 7 de octubre de 1614. A partir de esa fecha, como se sabe, Santa Teresa sería reconocida oficialmente como patrona de la villa, la cual honraría su memoria a perpetuidad declarando día festivo no laborable el señalado para el juramento del voto solemne. En la actualidad, como consecuencia de modificaciones en el calendario, se conmemora cada 15 de octubre. La repercusión que la fiesta teresiana y su patronazgo tuvo para la vida religiosa y social de Alba es incuestionable. La promesa ganaría si cabe aún más fuerza y proyección en la religiosidad internacional a partir de la fecha en la que la entonces beata asciende al trono de la santidad.
La fundación del convento de la Encarnación de carmelitas descalzas por Santa Teresa, donde murió once años más tarde, fueron dos acontecimientos de gran trascendencia para la historia de Alba de Tormes. La villa se convirtió desde entonces en foco de espiritualidad, peregrinaciones y visitas turísticas. Últimamente la comunidad de religiosas ha agrandado su viejo Museo con nuevas instalaciones y ha remozado otras, y lo hace con una amplia muestra de la identidad carmelitana: cuadros y esculturas, reliquias y objetos litúrgicos que han sido custodiados por estas monjas durante siglos, y que ahora se exponen con el fin principal de promover y difundir la vida y obra de la santa. Este es el asunto sobre el que versa el trabajo de José Luis Gutiérrez Robledo, director del Museo, en el apartado dedicado a la ampliación o, lo que él llama, “Nuevo Museo”. Todo el artículo es de gran interés, pero las páginas que hacen referencia a las nuevas instalaciones, la incorporación de las secciones de orfebrería litúrgica, ornamentos de culto, el trabajo conventual, estandartes, etc., es donde se pone de manifiesto que los elementos artísticos y religiosos se entretejen y entreveran para formarlo. Los últimos quince años se han dedicado a la rehabilitación de la iglesia y a la restauración de las obras de arte que ahora se hallan expuestas, lo que ha conllevado un gran esfuerzo para no deteriorar el patrimonio y permitir, al mismo tiempo, que pueda ser admirado por cuantos lo visitan. También se pone de relieve el alto nivel museístico alcanzado, que viene a enriquecer la celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa como meritoria aportación de la comunidad carmelita de Alba.
En esta misma trayectoria artística relativa a Teresa, su mundo y sus influencias posteriores, es preciso reconocer que la imaginería y la iconografía teresianas han sido muy fructíferas a lo largo de los siglos, y muy especialmente en el barroco y en la primera mitad del siglo XVIII. María José Pinilla centra su trabajo en dos series de grabados de origen italiano y español. La vida de la santa y los distintos episodios que han contribuido a popularizar su obra fundacional han quedado plasmados en las series de grabados y estampas de tema carmelitano debidos a Arnold van Westerhout (71 grabados) y a Juan Bernabé Palomino (8 grabados), es decir, lo que la autora de este trabajo, en su detenido estudio y atinada valoración, denomina vía narrativo-descriptiva, por una parte, y vía emblemático religiosa, por otra. Ambas son fiel reflejo de la popularidad de la iconografía teresiana dentro y fuera de nuestras fronteras.
Teresa de Jesús ha dado pie a incontables estudios y aproximaciones a su vida y a su obra. Uno de los aspectos acaso más polémicos que afectan a esta santa y a otros místicos tiene que ver con el estudio de comportamientos y actitudes paranormales o incluso aparentemente sobrenaturales, el análisis de dichos fenómenos a través de la medicina y, más concretamente, a la luz de la psiquiatría. Muchas, y en ocasiones virulentas, han sido las polémicas suscitadas en este sentido, y numerosos han sido los estudiosos que desde la asepsia de la ciencia han tratado de explicar fenómenos físicos y psíquicos no siempre comprensibles para el público en general. Este terreno en apariencia tan delicado lo desbroza el artículo de Jesús María García, quien cimienta sus aseveraciones en numerosos tratados médicos y profesionales. El mismo carácter intimista, espontáneo, sincero, acaso ingenuo, de los escritos autobiográficos teresianos movieron a psiquiatras y psicólogos de etapas pasadas a tratar de analizar no solo la mente de la autora, sino sus propias observaciones acerca de lo que podríamos denominar psicología humana en general. Los patrones de conducta que la santa refleja en sus escritos, sus éxtasis y visiones místicas inspiraron numerosos estudios médicos a partir del siglo XVIII y de manera especial en el primer tercio del siglo XIX. Ya en pleno siglo XX la figura de Teresa va desapareciendo de los tratados de psiquiatría, aunque algunas publicaciones sigan haciendo referencia al sentido de culpa por su ascendencia judía como posible explicación a fenómenos de tipo psicopatológico. Pero lo cierto es, como afirma el autor del ensayo, que una mujer tan compleja y admirable como Teresa se resiste a cualquier clasificación de corte simplista. A fin de cuentas, es su inmenso legado lo que importa y por él sigue siendo admirada y venerada.
La villa de Alba de Tormes es el centro de gravedad en torno al cual gira el ensayo de Eugenio García Zarza, buen conocedor de las circunstancias geográficas y turísticas de una tierra asociada a la Casa Ducal y a los paisajes tormesinos tan evocados por poetas como Fray Luis, Garcilaso, Lope de Vega o el propio don Miguel de Unamuno. La Historia desde tiempos de Ramiro II, los fueros, el papel de Alba en la Reconquista, el paisaje albense, de sobrios encinares, el Tormes y su aprovechamiento, la belleza paisajística desde el emplazamiento privilegiado de la villa, la relevancia histórica y monumental, y, cómo no, el inmarcesible culto teresiano a lo largo de los últimos siglos como consecuencia de la febril actividad fundadora de la santa, hacen que este lugar constituya una envidiable atalaya desde la que contemplar el paso de la Historia y los efectos geográficos, culturales, religiosos y turísticos del lugar de culto teresiano por excelencia. En efecto, la importancia teresiana de Alba de Tormes, perceptible en iglesias, conventos y la aún inacabada basílica, genera una considerable riqueza turística que sin duda se verá incrementada como consecuencia de las actividades religiosas y culturales programadas con motivo del V Centenario. El reciente Museo Carmelitano, con más de 500 piezas artísticas, muchas de las cuales nunca habían sido contempladas por el público, la restauración de la iglesia de San Juan de la Cruz, o la próxima reapertura del templo mudéjar de San Juan, además de la inclusión de Alba –como no podía ser de otra manera—en la ruta de las “Huellas de Teresa”, hace que en el año jubilar teresiano se potencien aún más si cabe los indudables méritos turísticos de la villa ducal.
Los catorce trabajos aquí recogidos constituyen una buena prueba de la vigencia de Santa Teresa de Jesús, su vida y su obra, que siguen siendo, a pesar del tiempo transcurrido, fuente de inspiración, de investigaciones y estudios. No cabe desmentido más rotundo ante quienes han venido sosteniendo que esta escritora mística –precisamente por su misticismo—fue una monja cuya existencia discurrió entre sus fundaciones y los silencios del claustro, pero que en general vivió alejada de los avatares de su tiempo. Muy al contrario, en esta extraordinaria mujer se encarnan lo divino y lo humano, la espiritualidad y el reformismo, el cultivo del ascetismo, sí, pero también las preocupaciones por otros aspectos más humildes del quehacer conventual. Teresa sintetiza la oración y el trabajo, el tiempo de obrar y el tiempo de caminar –“Teresa del camino y de la vida”–, el sentido común y el talante organizativo. Ella fue la mujer emprendedora de la renovación material y espiritual de la Orden del Carmelo, la andariega inquieta, vitalista y visionaria cuyos restos se custodian, se visitan y veneran en Alba de Tormes.
La Diputación de Salamanca, los editores y autores de este número extraordinario de Salamanca Revista de Estudios y su consejo de redacción en pleno desean contribuir con el presente volumen al V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, que se celebrará el próximo año de 2015.
R.A. y J.A.B.
Salamanca, 15 octubre 2014
Cuantas cualidades y virtudes resumidas en tan sencilla y a la vez fascinante mujer. A pesar de lo poco que he leído sobre ella, considero que toda persona ( varón o mujer), que quiera tener logros perdurables en su vida, debería recurrir siempre al genio sin igual de Teresa de Jesús.
Muchas Gracias
Por segunda vez os pregunto cómo conseguir este monográfico.En las librerías me dicen que no se encargan de estas revistas culturales o libros. No sé a quién dirigirme y estoy muy interesada.Atentamente
Intentaré averiguarlo y le respondo