Teresa de Jesús es maestra, aunque no por título expedido por universidad alguna, sino porque ella, en su humildad, nos dejó una herencia maravillosa de humanismo en cada uno de sus escritos. La lectura de estos es un mundo descubierto y su relectura un auténtico placer. La Santa es una maestra silenciosa, ella escribe desde su sencilla cátedra en el monasterio o en la soledad sonora de su celda, mientras va en camino a sus fundaciones o posterior de sus encuentros místicos con el Divino Maestro. Su luz doctrinal sigue latente y en ella vemos esperanzados cómo se renueva nuestra vocación docente porque “para esto nos juntó el Señor”, para ser maestros y, además, letrados.
La Mística Doctora, “tenía padres virtuosos” y un espíritu inquebrantable y por eso aprendió mucho y enseñó el doble. Son dignas de admiración las maravillas pedagógicas que Dios practicó en esta mujer. Teresa de Jesús es maestra que forma además, a otros maestros. Basta acercarnos a sus textos, significativo monumento cultural y teológico, para convencernos de ello. Son muchas las páginas y los aforismos de la doctora abulense que renuevan el espíritu del maestro, aunque claro, sin ella pretenderlo directamente. Ella les escribe a sus monjas, a las que juntó el Señor en esos “palomarcitos de la Virgen”, luego, por extensión, su doctrina alcanzará a los frailes, al Carmelo Seglar y a la Iglesia Universal como así lo proclamará públicamente el papa Pablo VI al declararla “Doctora de la Iglesia” en 1970.
Ahora bien, los maestros del mundo, los que vivimos inmersos en las estructuras del siglo, amparados bajo el manto teresiano de la firmeza y la ternura, podríamos encontrar en la doctrina de la Santa Madre, un manantial inagotable de luces que nos enseñen a dar luz a otros como auténticos formadores.
Así, como ejemplo, valoremos de “Las Constituciones” y de “Camino de perfección” algunas recomendaciones que nos da Teresa a todos los docentes para vivir plenamente y con sentido cristiano, esta vocación formativa.
Si bien es cierto que no somos los docentes los destinatarios iniciales de sus máximas sapientísimas, sí nos sirven mucho y nos alientan para continuar formando seres humanos integrales al mejor estilo del Carmelo Teresiano: letrados y bondadosos.
En las constituciones, la Santa ofrece a la priora y, por extensión a nosotros, una recomendación de capital importancia: “Procure ser amada, para ser obedecida”. El éxito de todo maestro radica en esto, en la empatía, en el amor y en la obediencia, no en las clases magistrales que permanecen en nuestra mente el tiempo de un Ave María. Más nos vale entonces que el alumnado nos quiera, nos ame. Solo así nos obedecerán y el proceso educativo- formativo será exitoso. Recordemos que somos “priores” y “prioras” en nuestras pequeñas comunidades educativas.
Asimismo en “Camino de Perfección” (Capítulo 5, 2-7), nos habla nuestra Santa de la necesidad de ser “personas de letras, espíritu y experiencia”, maestros y maestras llenos de “letras y bondad”, porque así nos buscarán nuestros alumnos: letrados, instruidos, en continua formación. Ve amenazada su vocación docente, por el olvido y la desidia, el educador que se conforma con lo aprendido en sus mejores años universitarios. ¡Estamos llamados a ser letrados! Así lo expresa la Santa: “Son gran cosa letras para dar en todo luz”. Entonces un educador ha de vivir en continua formación y ser un auténtico amigo de las letras y de su cultura, pero sobre todo debe impregnar su labor de exquisita bondad, porque cuanto más bueno sea el maestro, más aprende el alumno. Queda aquí destruido aquel aforismo nefasto de: “la letra con sangre entra”, pues la sugerencia teresiana es que logramos “más con industria y amor que con rigor”.
Quiera Dios que todos los educadores del mundo nos dejemos llevar por el preclaro ejemplo de Santa Teresa de Jesús, maestra sin quererlo, y podamos escuchar de ella esas recomendaciones que, cual florilegio teresiano, llevarán nuestras almas docentes al éxito en el servicio educativo. Que resuene en nuestros oídos y en nuestros corazones aquella invitación antiquísima que, aplicada a nuestros salones de clase, nos llenará de esperanza: “…aquí todos han de ser amigos, todos se han de querer, todos se han de ayudar…” (Camino de Perfección. Cap. 4,7)

Muchas gracias por leer y comentar este artículo. Quienes vivimos la docencia o hemos recibido este llamado, tenemos una gran maestra que nos guía, Teresa de Jesús! Saludos.
Una reflexión preciosa que muestra , una vez más , la gigantesca capacidad de la Santa de expresar de de forma sencilla asuntos complejos .
Pone el dedo en la llaga de la esencia de la vocación docente . Se necesitan testigos , no maestros .